febrero 2, 2026

El cáncer debería seguir por una autopista de información.

Columna del Dr. José Fernandez, CEO de Rayen Salud y vicepresidente de Pro Salud Chile

El cáncer en Chile no puede seguir transitando por caminos secundarios de datos dispersos: necesita una autopista de información continua desde la atención primaria hasta los centros oncológicos, alimentada por todos los actores del sistema, tal como hoy ocurre con el Registro Nacional de Inmunizaciones (RNI).

El cáncer no resiste atascos

En Chile, el cáncer se ha consolidado como una de las principales causas de muerte y, al mismo tiempo, como una de las patologías con mayores retrasos en diagnóstico y tratamiento, especialmente en las garantías GES. Los retrasos en la fase diagnóstica concentran buena parte del problema: más de la mitad de los atrasos oncológicos GES se asocian a estudios diagnósticos que no se realizan a tiempo, lo que aumenta directamente la probabilidad de muerte evitable.

Desde la perspectiva clínica y de gestión, esto significa que cada semana de demora en confirmar un cáncer o iniciar su tratamiento no es un mero indicador administrativo, sino una pérdida real de años de vida y de calidad para miles de personas y sus familias.

APS: origen de la ruta, pero sin tablero

La mayoría de las interconsultas oncológicas en el sistema público se generan en la Atención Primaria de Salud (APS), que conoce mejor que nadie la historia, contexto familiar y determinantes sociales de cada persona. Sin embargo, una vez enviada la interconsulta, la información clínica y social se fragmenta en múltiples sistemas, correos, planillas y plataformas no integradas, lo que dificulta el seguimiento del paciente y la trazabilidad real de su recorrido por la red.

Esto termina transformando a los equipos de APS en “despachadores” de formularios, más que en acompañantes informados de un proceso crítico, con poca visibilidad de las listas de espera oncológicas, de los tiempos efectivos de respuesta y de las re‑priorizaciones que podrían cambiar el pronóstico.

Listas de espera sin autopista

En la práctica, Chile no dispone de una lista nacional unificada y en línea para la atención oncológica, lo que dificulta tener una visión integral de cuántas personas esperan, por qué patología, en qué etapa y con qué urgencia clínica real. Las cifras disponibles muestran un aumento explosivo de las listas de espera oncológicas GES y no GES en los últimos años, con retrasos que pueden bordear o superar varios meses, especialmente en diagnósticos, quimioterapias y cirugías.

Sin un sistema único que ordene y priorice a escala nacional, la priorización depende en gran medida de la capacidad local de cada establecimiento y de la disponibilidad de especialistas, reproduciendo inequidades territoriales y generando una especie de “lotería geográfica” para los pacientes con cáncer.

Lo que ya sabemos hacer: el ejemplo del RNI

Chile demostró que es capaz de construir infraestructuras digitales robustas a escala nacional con el Registro Nacional de Inmunizaciones (RNI), que desde 2011 registra nominalmente todas las vacunaciones del Programa Nacional de Inmunizaciones en prestadores públicos y privados.

El RNI permite trazabilidad en línea, georreferenciación, estadísticas en tiempo real y acceso a la información para la ciudadanía a través de portales como “Yo me vacuno” y el Portal Paciente, facilitando decisiones clínicas y de política pública basadas en datos.

Detrás del RNI existe una gobernanza clara, interoperabilidad entre múltiples vacunatorios y la obligación regulatoria de registrar, lo que evita “zonas oscuras” en el recorrido de una vacuna y ha sido clave para el éxito de las campañas de inmunización, incluyendo Covid‑19.

Un registro clínico poblacional oncológico

La lógica para el cáncer debiera ser similar: un registro clínico poblacional oncológico, interoperable y nacional, que funcione como autopista única de información, desde la sospecha en APS hasta el seguimiento post tratamiento.

Este registro debiera integrarse con los sistemas de APS, hospitales, centros oncológicos públicos y privados, laboratorios, imágenes y seguros, permitiendo que cada actor alimente datos estructurados y oportunos sobre diagnóstico, etapa, tratamiento, tiempos de espera y resultados.

Con una infraestructura así, la priorización dejaría de depender solo de la buena voluntad local y pasaría a apoyarse en algoritmos transparentes, reglas clínicas consensuadas y una visibilidad completa de la demanda oncológica a nivel país, permitiendo gestionar la escasez de especialistas en función del riesgo y no solo del orden de llegada.

De corredores secundarios a autopistas de datos

Un registro clínico poblacional oncológico no es un lujo tecnológico, sino una condición para que el cáncer deje de circular por caminos secundarios de papeles, correos y sistemas aislados. Tal como se hizo con el RNI, el desafío es político, regulatorio y de gestión del cambio: definir estándares de datos, asegurar interoperabilidad, formar equipos y comprometer a todos los prestadores a usar la misma autopista, con foco en la experiencia y el pronóstico del paciente.

Si Chile fue capaz de organizar la vacunación de todo un país sobre una plataforma única, también puede garantizar que ninguna persona con sospecha o diagnóstico de cáncer quede atrapada en un cruce de caminos administrativos, cuando lo que necesita es una autopista de información que le dé la prioridad que su vida merece.

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